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lunes, 2 de junio de 2008

MURIO FERNANDO ULLOA (30.5.08) el padre intelectual del PROYECTO PAIDEA. Desde Misiones, nuestro Homenaje al Maestro.

Muchas “numerosidades sociales” están de duelo, porque el viernes pasado, a los 84 años, falleció el psicoanalista Fernando Ulloa. Así, “numerosidad social”, denominaba él a los distintos colectivos humanos en los que había desarrollado técnicas “para generar pensamiento crítico”, según sus propias palabras. Así trabajó para encarar conflictos en hospitales públicos, en instituciones educativas, en grupos de profesionales –el más célebre de éstos fue el conjunto Les Luthiers–, en barrios y comunidades. Recibió, preservó y acrecentó la herencia de su maestro Enrique Pichon–Rivière, y su trabajo con esas “numerosidades” lo condujo a un compromiso social y político que manifestó a lo largo de toda su vida, incluyendo su exilio bajo la dictadura militar y, con la democracia, sus aportes conceptuales y prácticos a la lucha por los derechos humanos. Puso en valor, para la teoría, nociones como la de ternura y la de crueldad, y obtuvo el reconocimiento unánime de las distintas corrientes del psicoanálisis argentino. A principios de los ’60 había sido uno de los fundadores de la carrera de Psicología en la UBA.

Lejos de plantear la psicopatología en una perspectiva individual, introdujo las “asambleas clínicas”, donde centenares de alumnos deliberaban durante varias horas: “Ellos mismos eran objeto de la clínica; se observaban como comunidad”, recordó el año pasado a este diario. El preparó a generaciones de psicólogos en la aptitud y la voluntad de trabajar en instituciones públicas.

Ya en los ’60, Fernando Ulloa desarrolló los ‘grupos de reflexión’, en los que se ponía en juego la capacidad de un grupo de pensarse a sí mismo, con un germen de autogestión. Y fue el verdadero creador del análisis institucional en la Argentina, con rasgos distintos a los que había tenido en otros países como Francia: para Ulloa, el psicólogo institucional no es un ‘organizador’, ni menos un jefe, sino un clínico, atento sobre todo al sufrimiento de los que integran la institución”.

"Una institución, supongamos un hospital o un equipo de salud, me llama porque tiene conflictos serios o no le salen bien las cosas o enfrenta nuevos desafíos. En esa situación, que llamo de numerosidad social, se suscita un “acto de habla mirado”: el término viene del derecho romano; eran palabras habladas ante testigos que acreditaban su valor de compromiso. En esa escena formada por 20, 40, 200 personas, el peso de las palabras se multiplica, pero también aparecen ocurrencias, inventivas. Yo fui un chico campesino, nací en Pigüé: en las casas, recuerdo, se contaban sucedidos; todos escuchaban en ronda pero siempre, en alguna pausa del relato, otro intervenía: “A propósito de lo que usted está diciendo...”.

En la numerosidad social, se estimula a que lo reprimido, en forma de ocurrencia, surja, y entonces empieza el pensamiento crítico: empiezan a debatirse esas cosas que todos veían cada día sin advertirlo.

Mi trabajo con la numerosidad social es producir los que llamo “notables”: gente que tiene algo que decir. Yo los identifico en las primeras reuniones. No son los que más hablan, tienen una actitud distante. Me escuchan en silencio, con cierto fastidio, como pensando: “Yo dije mil veces lo que éste que viene de afuera dice ahora, pero no me escucharon”. Y tienen razón. No hablan porque se han llamado a silencio. Son distintos: notables. Son los que se cansaron de predicar en el desierto. Siempre existen, siempre los encuentro. En cambio los portavoces, los que enuncian por qué he sido convocado, no dicen más que lo ya reconocido, esas quejas. Entonces yo hago intervenir a uno de los notables: “¿Vos qué pensás de esto que están diciendo?”. Y él, con su experiencia allí, que es mucho mayor que la mía, va a decir algo que romperá la situación.

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Ulloa insistía en la importancia del "buen trato". Con frecuencia las personas que han transitado lo cruel reproducen de diversas formas modalidades crueles generalmente sin tener registro de ellas. Ferocidad en el decir, contundencia en sus opiniones que hieren, golpean con las palabras. En sus interacciones con otros suelen no medir lo que hay que callar o decir suavizadamente para no lastimar.

Recuperar a través de los espacios de palabra la ternura, que definió como una instancia ética que necesita de la empatía y del miramiento. La empatía garantiza el suministro necesario (calor, alimento, arrullo, palabra). El miramiento es mirar con amoroso interés al otro que se reconoce como Otro, ajeno y distinto a mí mismo.

El Proyecto PAIDEA a partir de los Encuentros Talleres intento aplicar los métodos y guías de Ulloa, tratando de recuperar el buen trato por sobre el maltrato instalado en las relaciones cotidianas. Por ello, estamos de duelo. Pero creemos que el mejor homenaje es proseguir el camino que nos marcó en nuestro Hospital Madariaga, porque lo más importante de toda institución siempre serán las personas. GRACIAS MAESTRO!!!.

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